Hoy es un día que invita a trazar un artículo costumbrista, con olor a solera iliturgitana, a gachas, a humo de candela en la ropa y en los tuétanos; es un día que suena a tradición, a pandilla y a viejas canciones irónicas que se solapaban con retahílas acordes a la fecha.
Hoy Andújar vuelve a reiterar que es ella misma un ser vivo. Miren, huelan, palpen, escuchen y saboreen ¿no sienten ese algo especial que hace que un rumor de infinito compás proclame en los sonoros silencios de esquinas y altozanos la rosa de los vientos de las esencias de la ciudad? Sin embargo, debo cambiar de tercio. El pasado domingo escribí al final del artículo una sincera felicitación para el obispo de la diócesis, por su menester ejemplar y su mirada de amplio horizonte en su magisterio, en particular al respecto de Andújar. La Iglesia local respira vientos armónicos y palpa el alto tino de Ramón del Hoyo y su buen rumbo en cuanto a la devoción de la Virgen de la Cabeza. La convicción de su ponderada y equilibrada labor le están granjeando muchas asunciones a su trabajo. Ahora acaba de nombrar Hermano Mayor de la Cofradía Matriz al párroco del Santuario, Rafael Márquez. Este nombramiento viene a ratificar lo que en Andújar unos pocos querían ocultar y era vox pópuli, un problema de fondo inferido por distintas influencias en la cofradía que enrarecen su devenir y no dejan ver más que las zarzas del camino, y no el amplio horizonte, por decirlo muy retóricamente. De camino Ramón del Hoyo, don Ramón, que vaya el tratamiento no sólo por su responsabilidad eclesiástica, sino por el respeto que se está ganando, ha dado un espaldarazo al padre Rafael Márquez y a la comunidad trinitaria, a su tremendo trabajo en el Santuario, frente a algunos sicarios de la mentecatez. Es un atípico arreglo provisional; pero, sin palabras, es un sabio aviso. En este año tan especial, con acontecimientos que ponen de relieve que el Cabezo es epicentro mundial del marianismo romero, el triunfalismo local ha sido un tanto bochornoso tratando de ocultar las evidencias. Don Ramón, sabiamente, ha puesto un paréntesis, para que seamos consecuentes con la fe, la historia y la responsabilidad. Y sobran los que no quieran entender el mensaje del obispo.
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